LOS CLINTON, LOS KENNEDY Y LA SOBERANÍA DOMINICANA

Por Aquiles Julián

“Ayer español nací,

en la tarde fue francés,

en la noche etíope fui

y hoy dicen que soy inglés.

No sé qué será de mí”.

       Padre Vásquez

Publicado por 

¿Tiene nuestro país, nuestra nacionalidad, dolientes? Pienso que sí, pero la apabullante conjura contra nuestra independencia nacional, el plan avieso que se evidencia tras bastidores, impulsado por sectores y familias de los Estados Unidos, en particular los Clinton y los Kennedy, para que nosotros, los dominicanos, les resolvamos a ellos, los norteamericanos, el tollo en que han hundido a la nación haitiana, es de tal magnitud, que nuestras posibilidades de sobrevivir como nación son mínimas. Y eso es lo que voy a explicitar en deferencia a mi admirado y querido amigo, el Dr. José Dunker, que me preguntó sobre el mismo.

Por Jesús, el rabí de Galilea, sé que lo que cuentan son los hechos. “Por sus obras los conoceréis”, proclamó. No su discurso. No sus expresiones. Sus acciones son las que cuentan. Y los hechos hablan. Incluso hablan con mayor contundencia que las palabras.

Y aún las mismas palabras pueden ser (y deben ser) leídas entendiendo que hay siempre tres mensajes transmitidos, y que incluso esos mensajes pueden ser contradictorios. Y además que hay supuestos que se dan a entender que responden por igual a la estrategia discursiva del hablante. Reflejan su encuadre mental.

Así, cuando se emite un mensaje, uno puede interpretarlo literalmente, ateniéndose a lo que formalmente se expresó; descifrar el mensaje implícito, lo que se quiso dar a entender sin verbalizarlo por distintas razones; y, por último, también interpretar el mensaje inferencial, en donde hacemos conexiones lógicas entre lo que el mensaje proporciona y las experiencias y conocimientos previos que poseemos.

DEFINIENDO MI PUNTO DE PARTIDA

Las personas y los conglomerados de personas, las sociedades, los países, se mueven por intereses, tras objetivos y metas, sean explícitas o implícitas, conscientes o inconscientes incluso para las mismas personas o sociedades. Lo importante no es la ideología, lo que la persona cree o piensa, sino el sentido y el propósito, lo que en verdad persigue. La ideología nos permite verificar qué grado de conciencia y claridad tiene una persona o una sociedad de sus objetivos y propósitos, del sentido de su acción. Pero el propósito es el que de verdad nos permite saber hacia dónde se dirige, qué es lo que en verdad busca, dónde se propone llegar.

Si aceptamos estos supuestos, al analizar un comportamiento o una declaración tenemos que enfocarnos en las acciones y preguntarnos en el plano del mensaje: ¿lo que esta persona o este grupo social o este país declara que quiere se corresponde con lo que el sentido de sus acciones revelan querer? ¿Hay congruencia entre lo que se dice y lo que se hace? Si no hay correspondencia entre expresión y acción ¿responde a inconsciencia del sujeto del sentido de su acción o es una estrategia de distracción y engaño para producir el hecho consumado que dificulte el echar hacia atrás lo producido?

De nuevo, lo que cuentan son las acciones, el plano de la acción. Ellas, al vincularlas en un continuum y al indagar en los intereses que las motorizan y los propósitos a los que apuntan, deben permitirnos conocer (hasta donde esto sea posible), las intenciones y propósitos del que las induce o las produce, al margen de sus declaraciones que bien podrían funcionar como humaredas verbales que no nos permitan distinguir hacia dónde nos quieren llevar.

Toda declaración, toda conducta, responde a una estrategia y a un propósito. No hay conductas ni expresiones inocentes, inmotivadas, inocuas o desinteresadas, todas persiguen algo, tienen un propósito, quieren algo de nosotros. La candidez no es más que muestra de cretinismo.

Eso creo. Eso sé. Y de ahí parto. Entremos ahora en materia.

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN REAL DE HAITÍ?

Empecemos por hacer un poco de historia que nos contextualice. Siendo Bill Clinton presidente, en medio de sus escándalos debidos a su incontinencia sexual, se le ocurrió la infeliz idea de invadir Haití y deponer el gobierno militar de facto que había, a su vez, depuesto al entonces presidente Jean Bertrand Aristide.

Haití, donde se propició (cuestión que apoyo) la caída y fuga del tirano Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, quien heredó la dictadura que implantó su padre, el fúnebre médico Francois Duvalier, Papa Doc, atravesaba un tiempo de fuertes desórdenes, plagados de acciones de linchamiento y tensiones entre el ejército duvalierista y los sectores de poder económico y político generados durante la dictadura, y el tono populista y mesiánico del ex-sacerdote Jean-Bertrand Aristide, influido por las tendencias procubanas de la teología de la liberación y un izquierdismo ya trasnochado para la época.

Los excesos en que incurrieron los seguidores de Aristide y la misma conducta exaltada y radicaloide de este, que lo llevó a crear fricciones con el gobierno del entonces presidente Joaquín Balaguer, de República Dominicana, indujeron a la cúpula militar haitiana a aventurar un golpe de estado y a deponer al presidente Aristide. Aquel golpe, que dirigió el general haitiano Raúl Cédras, fue suicida para el ejército y el estado haitianos. Decretaron su destrucción.

Así como el republicano Ronald Reagan se dio el lujo de descargar el poder militar norteamericano sobre una pequeña isla del Caribe, Grenada, en 1983, y sobre Panamá, para apresar al ex –colaborador de la CIA, el general Noriega, en 1989, así el demócrata Clinton pensó darse su propio baño de gloria invadiendo a Haití para reponer en el gobierno al señor Aristide, quien se había refugiado en Washington. En 1994 las tropas norteamericanas aterrizaban en Haití, acción que contó con el patrocinio y el aplauso del llamado caucus negro del congreso norteamericano.

Serían luego los mismos soldados de Estados Unidos, en el 2004 y bajo la presidente entonces del republicano George W. Bush, los que invadirían a Haití otra vez, en esta ocasión para sacar del país y exiliar al presidente Aristide y poner la nación bajo un fedeicomiso de las Naciones Unidas, que siempre es útil para dar visos de legalidad a lo que no es más que grosera intervención de una potencia más fuerte contra un estado más débil.

Y Clinton contaba con la ventaja, que no tenía Reagan, de que la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la URSS en 1991, el término de la Guerra Fría y las inversiones multibillonarias de empresas en China, junto a la condición de nación más privilegiada que se le concedió a China en los Estados Unidos y que fue el origen del “milagro chino” (explotar impunemente la mano de obra semiesclava de los operarios chinos que carecen de todo derecho y de todo poder), le daba a Clinton el poder de actuar sin ningún contrapeso, sin oposición alguna.

Pero aquel tollo en que incurrieron, destruir el Estado haitiano, desorganizar del todo aquel país, hacerlo prácticamente inviable, se le ha convertido en un dolor de cabeza. Y ahora no saben qué hacer.

Aprovechando el lamentable hecho del terremoto que destruyó Puerto Príncipe, el presidente actual norteamericano Barack Husein Obama designó a ¡Bill Clinton!, como el Comisionado de los Estados Unidos para Haití, una manera de decir: como tú armaste tu lío, mira a ver cómo sales de él. Y pese a las toneladas de promesas de ayuda, a los foros, cónclaves y reuniones multilaterales en que se come, bebe y goza a costillas de otros, es muy magra la escasa ayuda que ha llegado a nuestros vecinos. Mucha ha sido la espuma, bien poco el chocolate. Pero, ¿no sería una solución viable el que sea el estado vecino, la República Dominicana, el que saque las castañas del fuego a los Estados Unidos y a los Clinton?

¿QUÉ PROBLEMA REPRESENTA HAITÍ PARA LOS ESTADOS UNIDOS?

La continua emigración de empobrecidos haitianos a borde de endebles barcazas surcando el Atlántico hasta las costas norteamericanas, supone para los Estados Unidos un problema migratorio y simultáneamente un problema de imagen.

Ya ni la emigración cubana, alentada en su momento en el contexto de la guerra fría, es bienvenida. Mucho menos la haitiana.

Son seres primitivos, analfabetos, plagados de enfermedades endémicas, de origen campesino, sin formación para vivir en ciudades y sin preparación para insertarse productivamente en la sociedad de la información y el conocimiento.

Personas cargadas de atavismos, de supersticiones, de atraso.

Miles de haitianos se pierden en las embravecidas aguas del Atlántico, buscando llegar a la tierra de promisión, donde abundan el corn flakes y los dólares. Y eso crea a los Estados Unidos también un problema de imagen.

Devolver barcazas repletas de hambrientos emigrantes dispuestos a reembarcarse de nuevo tras su sueño de vivir en Norteamérica no es algo que hace bien a la imagen bonachona de nuestros vecinos del Norte revuelto y brutal.

Haití representa un quebradero de cabeza.

Sobre todo cuando, como hicieron, desmantelaron el Estado haitiano en dos intervenciones, una para reponer a Aristide y otra, diez años después, para sacarlo a la fuerza y mandarlo a Sudáfrica.

Los Estados Unidos y Francia están empantanados en Haití. No han dado pie con bola. Y no saben cómo salir del lío que armaron. O sí saben: endosándonolos a nosotros, cargándonos su muerto.

¿Y ES FÁCIL TENER PRUEBAS, DOCTOR?

El querido doctor Dunker, con quien comparto mi fe en Jesús, a quien he leído y del me que siento más que honrado en conocerlo, y a quien respeto, me pregunta si tengo alguna prueba de que EUA u otra nación haya expresado su preferencia por la unidad de la isla?” Claro que no. ¿Y es fácil? ¿Van ellos a expresarlas y a declarar sus intenciones? ¿A ponerlas por escrito? ¿A revelar sus propósitos? ¿Es así como funciona la diplomacia y la política? ¡Ni en Wikileads aparecerán! Hay cosas que nunca se escriben para que no dejen rastro.

En los Estados Unidos mataron a un presidente, John F. Kennedy, luego a un candidato presidencial, Robert Kennedy, también a un activista por los derechos de los negros, Malcolm X, y a otro activista contra la segregación racial, el Rev. Martin Luther King. Y para todos inventaron culpables y para todos inventaron una historia que calmara la indignación pública.

¿Tengo yo pruebas de que estas personas no fueron? ¿Qué se trató de una conspiración desde el poder para eliminar a lo que se consideró en su momento un peligro social, alguien que afectaba intereses de grupos hegemónicos? No. Tampoco me preocupa tenerlas. Tengo algo que se llama inteligencia (por pequeña, precaria y limitada que otro me la conceda, algo tengo que tener ¿no?) y discernimiento, criterio propio.

Estados Unidos voló el Maine, en la bahía de La Habana para justificar una guerra que España en modo alguno quería y por la cual despojó a nuestra antigua metrópoli de Puerto Rico y Filipinas, así como de Cuba.

Quien denunció el plan, y sus pruebas tendría porque le podemos acusar de todas las vilezas posibles, pero ni de delirio ni de locura, fue el entonces presidente de la República Dominicana Joaquín Balaguer en los años ´90. Él recibió más de una vez el “dardo de los partos” de los enviados de Clinton. Estaba ciego, casi inválido, pero seguía lúcido.

Pero no hace tanto el asesor del presidente de la República, doctor Marino Vinicio Castillo, según noticia que aparece registrada el 20 de septiembre del 2010, denunció que “un miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos presentó formalmente una propuesta para fusionar la República Dominicana y Haití”.

Citado por el medio del que tomo la reseña, Noticias Telemicro, el Dr. Castillo declaró: “Ya supe que hubo un miembro de la Cámara de Representantes que propuso formalmente la fusión en un comité que tiene un mes para confirmar o rectificar la afirmación porque los compañeros se la censuraron”.

Al doctor Vincho Castillo se le ha tildado de “fabulador”, es cierto. No es la opinión de él que tiene el actual presidente de la República, quien presume de su amistad. Y no he visto que nadie le haya dicho que miente, que delira, que calumnia y difama. ¿Hubo un desmentido de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos a esta denuncia hecha por un alto funcionario del gobierno de República Dominicana? No la leí. Pero he aquí otro testimonio de dicho plan.

Otros que han denunciado las intenciones aviesas de sectores de poder en los Estados Unidos, Francia y Canadá para que les resolvamos el problema haitiano fusionándonos han sido el doctor Euclides Gutiérrez Félix, muy bien enclavado en el poder, y el actual embajador de la República ante el Vaticano, el periodista Víctor Grimaldi, que posee también acceso a fuentes a las que yo ni remotamente tengo entrada. ¿Ambos engañan al país endosando una fábula sin ningún viso de realidad?

Una información del jueves 3 de marzo del 2011 señala que “El gobierno de Barak Obama estaría considerando una antigua propuesta del ex -presidente Bill Clinton consistente en la unificación político-jurídica de Haití con la República Dominicana.”

Esa misma noticia señala que “La secretaria de Estado, Hillary Clinton, le envió la propuesta de “Fusión Haití-Dominicana” al presidente Obama”.(véase en la Internet http://66.90.111.170/foro/topic/258912) ¿El título de la noticia? “USA y Francia quieren unir Haití con República Dominicana”.

Amarillismo periodístico, afán por escandalizar sin aportar prueba alguna, parte de un plan de irritar a ciudadanos que están quietos, enervándolos para que se molesten con los gobiernos de Francia, Estados Unidos y Canadá. Es posible. Uno tampoco puede descartar esos propósitos.

Pero también apareció en la prensa, el 22 de febrero del 2011, las declaraciones de un “historiador” haitiano y profesor universitario, que había retornado a Haití para apoyar al entonces candidato y actual presidente, Michel Martelly. ¿De dónde había retornado el historiador y catedrático haitiano a su patria? ¡De Canadá! Pues bien, el señor Reinseinthe Paúl Joseph declaró con total desparpajo que “los dominicanos tienen que acostumbrarse a vivir en comunión con los haitianos, porque, según reiteró, "quieran o no", lo que está al doblar la esquina es la fusión de la isla.”

Dicen que para muestra basta un botón. Aquí, querido doctor, le expongo una colección. No necesito más. Ah, pero tengo otro: la censura a la que me han reducido porque esto que escribo parece que no es bien visto.

LO QUE CLINTON NO SE ATREVE A PROPONER

Sin embargo, Haití sí tiene solución. Y positiva para nuestros vecinos y para la isla.

Simplemente, que el gobierno norteamericano dé a Haití el estatus de “nación más favorecida”, como hicieron con China.

Que estimule a los capitales y corporaciones a invertir en Haití, entrenando y capacitando a los haitianos y transformando aquel infausto país en una tierra de oportunidades.

Que se establezca para el pueblo y la nación haitiana un nivel de trato preferencial que constituya un estímulo suficiente para que la inversión se vuelque sobre Haití y los haitianos sientan que la solidaridad no son ya los discursos de buena voluntad vacíos que suelen ser, sino las acciones trascendentales para su presente y su futuro que ellos merecen.

Haití está a escasas millas de La Florida.

Más cerca de China. Más próxima que La India. Y los haitianos, que han sido víctimas en el siglo XX de dos invasiones norteamericanas y en el siglo XXI de una más, bien se merecen ser recipientarios de una ayuda que deje de ser retórica y se transforme en real.

Haití podría convertirse, desde el punto de vista de la inversión, las facilidades otorgadas, los beneficios y otras ventajas, en el nuevo Puerto Rico, que sirva como ejemplo y demostración fehacientes de que no son discursos floridos, llenos de frases para lucir en los medios como compasivos y solidarios, sino hechos duros, acciones firmes, las que conducen la política exterior norteamericana frente a Haití.

Los capitales, los inversionistas, las corporaciones no son bobos. Si el gobierno norteamericano quiere favorecer a Haití y cambiar su historia y destino hacia algo más prometedor y humano, ellos por favorecerse se irán a Haití a hacer negocio. Y eso es lo que necesitan los haitianos.

Sentémonos a esperar que tales portentos se produzcan. Sentados, para no padecer de cañera.

NO ES “TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN” SINO SU DRAMA

¿Respondo a un esquema paranoide? ¿Se trata de una versión local de las llamadas “teorías de la conspiración”, llenas de iluminattis, club Bilderberg, la Trilateral, poderes en la sombra, etc.? Pues entonces el mismo virus o bacteria o, por decirlo en el neologismo inventado por Richard Dawkins, el mismo memeinfectó al muy bien informado ex –presidente de la República Dominicana, Joaquín Balaguer, que en su época recibió las presiones de Estados Unidos para permitir campos de refugiados (¡Ah, sopresa! ¿No es la calumniadora Colette Lespinasse, que declaró que la señora Sonia Pierre murió a causa de las presiones que recibía del Estado dominicano, sus autoridades, la jerarquía católica y el senado, precisamente empleada de la GAAR, una organización para ¡”refugiados”!? No pudo aquella vez ganarse el sueldo en RD) y que tuvo que ceder el poder por, más que todo, la determinación de Clinton y EE.UU. de echar del puesto al viejo colaborador.

El, Balaguer, denunció públicamente, e inútilmente, la confabulación. El asunto es que el antibalaguerismo patológico de ciertos sectores de la clase media radical dominicana, que odian al ex-presidente por no haberles permitido instalar en el país una tiranía totalitaria, y encumbrarse en el poder a las malas, en base a terrorismo, secuestros, asaltos, asesinatos aleve, bombas, etc., lo cual era su propósito, les lleva no sólo a descalificar y restar el mínimo mérito a una opinión de aquel, sino también a aplicar la máxima de aliarse con cualquier enemigo circunstancial del viejo caudillo reformista.

Nunca una acusación o una opinión de Balaguer tendrá oportunidad alguna de ser pensada como válida o digna de ser tomada en cuenta. El habrá muerto, pero los odios que provocó están vivos. Y en nada menguan.

Otros, no menos enterados de los entretelones del poder, que saben los que se habla a puertas cerradas y conocen lo que nunca trasciende públicamente, como el Dr. Marino Vinicio Castillo o el Dr. Euclides Gutiérrez Félix han sido parece que infectados con el mismo meme. Y no sólo ellos, un avezado periodista como Víctor Grimaldi por igual.

Con tan conspicuos referentes, excúsenme si a mí, simple mortal que nunca he recibido un cheque del Estado ni ocupado puesto público alguno, que más bien he sido víctima del Estado y sus funcionarios, le suceda lo mismo, que peque de crédulo y piense, como ellos, que nos quieren meter para lo hondo.

Sólo que se puede pecar por exceso de credulidad o por exceso de escepticismo. Y se puede uno dejar atrapar en los velos de las declaraciones de buena intención, cuando por otro lado las conductas indican propósitos de otro tipo.

Y tiene sentido el que nos quieran emplear como solución a un problema que no creamos. Es mejor para los Clinton y los Kennedy que la emigración haitiana se vuelque hacia República Dominicana y no que siga arribando a las costas norteamericanas. Ah, porque eso sí, ni locos se van a las cubanas. Serán pobres, ignorantes y atrasados, pero brutos sí que no.

¿Y LA CENSURA? ¿NO NOS REVELA NADA?

Otro aspecto que llama mi atención es la censura a la que he sido sometido.

Medios que tradicionalmente han amplificado mis artículos de pronto los silencian, no los incluyen.

Podríamos preguntarnos: ¿A qué se debe?

¿He incurrido en injurias? ¿He calumniado o insultado a alguien? De ser así, otros medios como el periódico digital “El Libre Pensador”, de España, o mis amigos del Foro Pro Ley de Acoso, en Uruguay, los han amplificado: saben que no hay nada que incurra en difamación e injuria, en complicaciones legales.

También podríamos decir que no se han insertado por no estar acorde a la manera de pensar de quienes dirigen estos medios. Pero, ¿no es la libertad de opinión algo que estos medios defienden y promueven? ¿Debo escribir acorde a la forma de pensar de quienes dirigen dichos medios?

Igualmente, podríamos objetar el nivel y calidad del lenguaje. ¿Están mal escritos y peor hilvanados? ¿Hablo disparates? ¿Se trata de la glosolalia orate de un enfermo mental, incapaz de coordinar dos palabras con un mínimo de lógica, de un discurso sólo inteligible para quien lo emite?

Lo cierto es que, de pronto, he aguardado a ver si mis artículos son incorporados a medios que han amplificado otros sobre otros temas, pero estos parece que no existen.

¿Por qué el silencio? ¿Qué fuerzas tienen el poder de provocar que medios distintos, dirigidos por personas distintas y sin vínculos directos, actúen de manera concertada y erradiquen mis artículos de sus páginas?

Si revisamos, aquellos artículos que en enhebran dentro del esquema de promover la fusión si aparecen incorporados. Estos míos, que son la voz discrepante, no. De alguna manera se busca provocar la impresión (y los seres humanos actuamos en base a nuestras percepciones ¿no?), de que todo el mundo, o la mayoría, que para el caso es lo mismo, está de acuerdo con que esta sociedad “corrupta”, “venal”, “fallida”, etc., sea sustituida por otra. ¿Es coincidencia todo el discurso antiinstitucional, descalificatorio, sobre nuestra endeble democracia, nuestra sociedad e incluso sobre nuestros propios padres fundadores de la nacionalidad, que han terminado por ser tildados de anacrónicos y decimonónicos?

Se nos hace abominar las elecciones, la democracia, a nuestras autoridades, nuestras leyes e instituciones. Se nos hace desconfiar de nuestros líderes, nuestros candidatos, nuestros certámenes, nuestra legislación. Se nos hace creer que nada sirve, que todo está putrefacto. Y como exclamó alguien en una de tantos comentarios a los artículos laudatorios publicados sobre la señora Pierre: “Gran cosa ser dominicano”. Si no lo es, ¿no es tiempo de convertirnos en otra cosa?

Si no se quiere publicar y amplificar un artículo mío, bien. Lo acepto. También entiendo que el miedo es capaz de hacernos hacer eso y más.

La pregunta que me queda pendiente es ¿miedo a qué? ¿A qué se teme? ¿Qué puede inducir a gente corajuda, que desafió al régimen de Balaguer en tiempos de los 12 años, habituada a ser contradictoria y contestataria, a acallar una voz disonante? No lo sé. Pero quien tenga miedo, que se compre un perro prieto, dicen por estos pagos. Porque no me pienso callar. Ni permitir que me callen.

¿TANTOS MILLONES DE HOMBRES HABLAREMOS PATOIS?

Soy poeta y narrador, al margen de la calidad que usted o cualquier otra persona me conceda como escritor. Empecé con un poema, esa coplilla del padre Vásquez que aprendí en la escuela. ¿La enseñan todavía? ¡Quién sabe! Los comunistas penetraron nuestras escuelas, medios de comunicación, iglesias, partidos políticos, asociaciones, universidades, sindicatos y demás “aparatos ideológicos del Estado”. Yo lo sé. Yo era uno más de ellos. Muchos formalmente renunciaron a la militancia, pero no a la manera de pensar. No a sus creencias y valores. Siguen siendo estalinistas “hasta la tambora”. Y como han leído más al camarada Mao que a Juan Pablo Duarte y para ellos España es una potencia imperialista que vino a exterminar a los indios que vivían la Arcadia del comunismo primitivo y a introducir la explotación del hombre por el hombre y demás males, es posible que los estudiantes dominicanos desconozcan la coplilla, al padre Vásquez y vaya uno a saber qué más.

Hay quienes creen que denunciar la mentalidad totalitaria es un anacronismo. En forma alguna. No han desaparecido. Siguen ahí, dispuestos a imponernos a la fuerza su paraíso, a obligarnos a vivir en su mundo feliz. No cejan. No desmayan. No cogen cabeza. Se han repartido en todos los partidos, escalan posiciones y esperan su oportunidad. Y cada vez que hablan, se retratan.

Y así como se aliaron en 1939 a los nazis, ahora no tienen ningún tipo de empacho en aliarse a los Clinton y los Kennedy para facilitar que se arme aquí el lío y ver si pescan en mar revuelto.

Para que estemos claro, las organizaciones dominico-haitianas del país fueron creadas por cuadros del Partido Comunista Haitiano, PCH, con el apoyo solidario del entonces Partido Comunista Dominicano, PCD. Eran un medio de reclutamiento, frentes de masas en la jerga política de los marxistas, y medios de proyección y promoción de líderes. Una de esas líderes lo fue Sonia Pierre.

Empecé con un poema y termino con otro, esta vez de Rubén Darío, una cuarteta de Los Cisnes:

“¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?

¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?

¿Callaremos ahora para llorar después?”
Tal vez no sea inglés lo que terminemos hablando, sino patois. Tal vez los bárbaros fieros no sean los groseros infantes de marina que en dos ocasiones nos intervinieron, los que cuentan con una medalla del US Marines Corp que celebra las andanzas en República Dominicana de héroes como los capitanes del USMC Charles Merkel y Charles R. Buckalew, famosos sicópatas que torturaron y asesinaron a su gusto por estas tierras, o tienen como héroes a especialistas en capacitación en tortura, como el oficial de la CIA Dan Anthony Mitrione, luego muerto en Uruguay por Los Tupamaros, cuyo paso por la isla se hizo sentir, cuando los cuerpos de los mozalbetes que resistían al gobierno del Dr. Balaguer y que eran ultimados por los aparatos represivos no aparecían ya sólo muertos, sino también torturados, lo que está perfectamente datado en los periódicos de la época. Tal vez sean los bárbaros ya no del Norte, sino de al lado. Para el caso, igual de malo.

Tengo una fe. Soy cristiano. Puede usted reírse o echarse a llorar por ello. Ni se la impongo ni me importa si no le gusta o no está de acuerdo. Tengo una fe. Tengo una esperanza. Y esa fe también me permite terminar con un verso de laOda a Roosevelt, de Rubén Darío:

“Y, pues, contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!”

Comente este Artículo. Apreciamos su opinión

Sea el primero en comentar!

Nombre
avatar
wpDiscuz