La soberanía dominicana en el 2017

Melania Emeterio Rondón

 lidiamelania@claro.net.do

Las tradiciones arraigadas, como la de la felicitación por la llegada de un año nuevo, encuentran siempre nuevos motivos, y aunque su efusividad ha tenido cierta merma, sigue siendo una tradición importante, pues todos los días no nace un nuevo año, además,  en los seres humanos está anclada la esperanza de cambios positivos,  de superar  lo que   fue deficiente, incómodo, o doloroso. Y en esa autocrítica espontánea, encontrar en el nuevo periodo, un impulso, un punto de partida para el relanzamiento.

Respetando la tradición, al margen de la llegada de un nuevo año, lo correcto es revisar nuestras prácticas personales y sociales, procurando dar los pasos para adelantar lo que haya quedado rezagado. La no superación de los males que se arrastran, nos coloca en una posición parecida a quien le gusta sufrir, o a quien al dejarse vencer por el miedo y la indiferencia, se da por vencida, lo da todo por perdido, y cree  que es mejor convivir con el mal, y que el destino decida. Cualquiera de estas condiciones, o todas ellas a la vez, son un freno en el avance, y hay que buscar el modo de afrontarlo  en el recién llegado 2018.

Traigo en el ahora, esas reflexiones precedentes, porque es necesario que veamos muy de frente un problema fundamental que el país debe superar. Es el caso del peligro que asecha a la Soberanía Nacional, el valor más elevado de la nación, pero bajo amenaza por la excesiva y abrupta migración haitiana en nuestro territorio, una acción que sigue siendo responsabilidad de los diferentes gobiernos dominicanos, quienes de espalda al pueblo, años tras años se han encargado de atraer y de alimentar esa migración, por eso, la superación en el 2017 solo ha sido para los haitianos.

Los haitianos y haitianas pueden, en término de creencias, decir que su dios  está  anclado en la conciencia servil de los gobiernos dominicanos, convertidos en deidad prodigiosa que le ha puesto en sus manos un recurso más que poderoso: la suplantación de la mano de obra dominicana, y todo lo que de allí se deriva: exclusión, atropello, y humillación colectiva, y uso desmedido de recursos de los impuestos que pagamos. ¿Hay algo peor que esto, y más cuando te ocurre en tu propio territorio? Carecemos de lo que sería una respuesta siquiátrica profesional, pero la verdad es que hay jefes de Estados que odian a sus pueblos. En Dominicana este es el caso.

Toda esta situación tiene culpables con nombres y apellidos. La migración haitiana, que no es una migración cualquiera, sino una migración que ha jurado que esto es suyo, y lo reclama, no sería tal, si los gobiernos, principalmente de Leonel Fernández (Leonel para hacerse atractivo en su vileza, regaló, y no de sus bolsillos personales, una universidad a los haitianos) y Danilo Medina (este último parece querer superar a su antecesor en todo aquello que cercene la soberanía dominicana) no lo hubieran facilitado su llegada  como una invasión.

Ya los haitianos eran numerosos, y solo faltaba la aplicación de políticas migratorias para hacer la repatriación, pero lejos de esto, estos dos gobiernos, en el discurrir de unos 18 años, aproximadamente, han hundido a la nación dominicana abjurando de su historia de independencia y soberanía, para colocarla deliberadamente a los pies de la migración y del gobierno haitiano. Este es un crimen por el que deben ser enjuiciados no solo por la historia, sino en este presente incierto por el que, gracias a ellos, atravesamos bajo amenaza. Ellos no merecen la confianza del pueblo dominicano, ni siquiera como barrenderos, pues desde cualquier función, sabiendo que odian al pueblo dominicano,  servirían a la causa haitiana.

No hay que fiarse de los partidos de oposición, incluidos algunos que se hacen llamar de  izquierda, pues casi todos son prohaitianos, pero estos dos, que ya han gobernado, y pretenden seguir en lo mismo, la ciudadanía consciente del crimen cometido por estos individuos, debería mirarles como alguien desprovisto de derechos civiles y constitucionales. Esta pudiera ser nuestra salvación, si no hubiera un pueblo con la conciencia adormecida, como zombi, sin horizonte claro, y embaucado con los discursos de progreso, inauguración de escuelas, y discursos de crecimiento de la economía y expansión turística. Es así como, hasta ahora,  la poca capacidad de reacción del pueblo, salva a estos traidores.

Como un asunto bien orquestado, al pueblo dominicano, en sentido general, se le fue adormeciendo como quien no ve lo que ve, y se le ha obligado, mediante una visión perversa y utilitarista del humanismo, a asimilar lo que no es más que una degradación  del valor de la compasión, donde esta migración, al ofrecerle la mano, se ha alzado con el cuerpo entero. Así estamos envilecidos, y con las manos como atadas. Ha sido esta, una trama perfecta: gobiernos, organismos internacionales, iglesias, ONGS, y partidos políticos, unidos para, además del despojo, infundir la culpa  y el miedo.

En el año 2017 en materia de soberanía y defensa de nuestros intereses (por todo lo ya citado) como nación, ha sido uno de los peores. Así  lo confirman estos hechos:

  1. El flujo de ilegales haitianos ha sido indetenible. Cuando, burlescamente, repatrian una docena, entran cientos y miles de estos ilegales protegidos por las componendas.
  2. La delincuencia y la criminalidad haitiana, como quien desea repetir el degüello de Moca,  se ha enseñoreado contra los dominicanos y dominicanas: violaciones sexuales, decapitación de mujeres, mutilación de manos y pies a niños y adolescentes, enfrentamientos y desafíos a policías y a militares, participación en bandas y en narcotráfico, atracos y engaños, daños severos al medioambiente en todo el territorio dominicano, y un sinfín de ejemplos, de los pocos que salen en la prensa, donde, para no ofender a los haitianos, eufemísticamente se les llama extranjeros.
  3. Policías y militares que no vacilan en tirar para matar dominicanos, delincuentes o no, han demostrado tener miedo a los haitianos, ¡quien sabe por cuáles órdenes que no conocemos!
  4. Desmoralización y descrédito al nacional dominicano / a bajo el alegato de ser haragán, de no querer trabajar. Este país ha sido construido por los esfuerzos nacionales, pero ahora resulta que ese activo, es “haragán”.
  5. Aumento desproporcionado de parturientas haitianas  para que a la mala sean dominicanos, y así coger “los mangos bajitos”.
  6. Debilidad numérica y poca sistematicidad en el movimiento nacionalista que no cuenta ni con recurso, ni apoyo de fuerzas sociales y políticas importantes, tienen limitaciones en su accionar.
  7. Continuidad de las visitas de organismos internacionales, en función de chantajes, y denuncias con las falsedades de siempre: violación de los derechos de los y las migrantes para chantajear y hacer propuestas sospechosas como la de crear una fuerza policial dominicana y haitiana para cuidar la frontera de cara a la criminalidad  y el tráfico. ¿Es esto creíble?
  8. El gobierno de Danilo Medina, interesado en que cada vez sean más los haitianos en el territorio, y sin respetarse a si mismo, no cesa de renovar plazos para la vergonzante  regularización.
  9. Pronunciamiento abusivo y desproporcionado del obispo católico Francisco Ozoria pretendiendo, como si se burlara, mayor consideración para los haitianos. Jerarca católico como él, que obvian la realidad y el sufrimiento del pueblo, debido a la injusticia, provocan confusión respecto de lo que es la justicia, y contribuyen a la disminución de la fe católica. El Obispo Ozoria, es un enemigo de nuestra historia de lucha por la Soberanía y la independencia. Porque Dios es justicia, él debería tener un poco de temor de Dios.
  10. Las autoridades dominicanas, frente a las haitianas, no tienen ni el más mínimo orgullo y respecto por lo nacional. Apegados a intereses de mercados, pierden de vista, o quizá  nunca han tenido  alguito de dignidad nacional, como preámbulo.
  11. Los muy malos augurios de reformar el Código Laboral, donde las agallas del empresariado, la flojera del movimiento sindical, la debilidad nacionalista en el Congreso, y la alegre complicidad del gobierno, forman un cuadrado perfecto para acabar con lo poco que en término laboral se ha logrado.
  12. Profanación a nuestros símbolos mayores: el altar de la Patria con la presencia de haitianos, los pronunciamientos de un desafortunado comentarista de radio, desahogando todo su odio contra Duarte y contra el país. Este comentarista sintonizó con el Dr. Cesar Mella, quien hace  algunos años se refirió a Duarte denigrándolo como a un hombre cualquiera. Y para que se vea que es un plan bien orquestado, el día de mayor fervor patriótico, el 26 de enero, nacimiento del Patricio, el “honorable congreso”, traslada la fecha para otro día, sin valorar el significado de una efeméride que no debe ser tocada. Lo que se busca es debilitar todo aquello que signifique apego y valoración a los símbolos de la independencia dominicana obtenida contra Haití en 1844.

La migración haitiana en República Dominicana es el mayor de los problemas nacionales políticos y sociales, aunque las encuestas no lo revelen, pues este asunto tiene todos los blindajes señalados. Ocurre que todo se reduce a la corrupción, la delincuencia, la impunidad, la ley de los partidos, el narcotráfico, la reelección, pero por más que se grite, ningún problema de los señalados, causa tantos estragos, y daños irreversibles como lo que causa la desproporcionada migración haitiana y todo lo que esta, como una especie de psunami, sabe arrastrar.

A aquellos problemas los consideramos benignos en la medida en que nos unifican contra ellos, para combatirlos y erradicarlos, además estos males están en la agenda internacional, son repudiados por doquier. De ahí el éxito MARCHA VERDE, en República Dominicana, y en otros países con organizaciones semejantes. Pero nuestro problema medular, la abusiva y asfixiante migración haitiana, es solo nuestra, y cuenta con todo el apoyo de que se sabe. Quizá esto ya hemos dicho muchas veces, pero igual la situación sigue siendo  la misma  en grado empeorado.

Si en el mundo, los países cercanos  no se han dado por enterados de nuestra tragedia, es porque las autoridades en sus muchos viajes al  exterior, en su culto al oro, solo proyectan al país como un paraíso turístico, y un espacio abierto para la inversión. Han decidido ignorar que en las condiciones actuales, con el posicionamiento de los haitianos, todo el progreso logrado, todo el oro conseguido, irá en porcentaje asombroso, a manos de los haitianos. Este cálculo no es difícil de hacer, pues se puede calcular con lo que esta pasando en la actualidad.

En sus viajes, no son capaces de denunciar, allende los mares, la debacle demográfica que nos abate, conviviendo con otro país (Haití) dentro del nuestro. Para esconder la realidad, prefieren hacer el papel de mediadores (gastando dinero y perdiendo tiempo en eso) en el conflicto interno de Venezuela. Nuestra situación es de tal gravedad que bien podían actores internacionales, buscadores de soluciones para que Haití tenga otros destinos. Esa mediación de países, debía tener ese compromiso en sus manos, y así vislumbrar una vía de solución a nuestra tragedia, y seria, esta, la verdadera solidaridad internacional.

Quiera la buena voluntad del Padre, que una nueva conciencia se abra al pueblo dominicano, y al mundo que nos mira prejuiciadamente, y que esa nueva conciencia, liberada ya del miedo y del servilismo, comience a germinar en el 2018 bajo la reanimación de un pueblo viril frente a sus gobernantes y el séquito que les acompaña en ese despropósito desnacionalizador que borraría nuestra historia y las hazañas de verdaderos dominicanos y dominicanas. Ellos necesitan esas demostraciones de parte de un pueblo que sufre el desbordamiento de los haitianos en sus calles, barrios, municipios y provincias, espacios desde donde lo suplanta en todos los órdenes. El nuestro es un pueblo que sufre aunque baile en las calles, cante en los parques, tome alcohol, y se distraiga con el juego de pelota.

Revertir todo aquello, debe ser el compromiso  de superación para este 2018, un reto que puede ser logrado si lo concebimos dentro de una estrategia nacional de defensa a la cosa nuestra. Es dentro de nosotras y de nosotros que debemos buscar como dicen algunas homilías católicas, “El vino que nos hace falta”.

                                                                                             Enero 2018

Melania Emeterio Rondón

“Ningún pueblo ser libre merece

Si es esclavo indolente y servil;

Si en su pecho la llama no crece

Que templó el heroísmo viril”

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