LA POESÍA Y NUESTRA GUERRA SEMÁNTICA

DANIEL EFRAÍN RAIMUNDO

 

VALVERDE, MAO.- Últimamente me ha tocado revisar varios libros de poesías. Me lo han enviado con fruición patriótica esos jóvenes escritores que comienzan a incursionar en las cuestiones de la métrica castellana y la rima entre verso estrofa y verso.

Acostumbro a leer a poetas nacionales o mejor dicho del patio. Hay muchos que sorprenden. Siempre leo a Tony Raful, porque cuando sale de su albufera política su luz se convierte en poesía lirica y cristalina. ¡Qué grandioso es Raful cuando se arremanga la camisa al codo  y emprende con las imágenes que traza su pluma prodigiosa! El está en deuda con unos libros que todavía no me entrega.

Otros poetas que he leído me han ocasionado una impresión grandiosa. En una ocasión escribí un artículo titulado: Soledad, aterradora palabra en el Nuevo Herald de Miami. Exponía lo que vivía Unamuno en la universidad de Salamanca. Un pensador rodeado de tanta gente y con una vida marcada por el flagelo de la soledad.

Hay poetas como Gastón Fernando Deligne y Figueroa que aun en sus libros ms patrióticos se empiezan a formular las dimensiones de la nostalgia mediante una exploración de su soledad. Deligne se sacude el alma cuando se entera de la muerte de Martí en dos Ríos. Su canto lleva en sus Galaripsos encajados como alas. Galaripsos es una bella oda a su habitad y la poesía se siente implicada en la traición de una sociedad que no se merece ni enaltecer su bandera. Es como la oda a una rosa donde se siente también implicada la traición de la espina.

Dime, ¿sufres acaso la tristeza
de vivir sometida a tu fijeza
haciendo que concentres esplendores?
¿O es que logras vengarte con la espina
y traicionas lo bello que domina
trasmutando tus ansias en dolores?

Esa misma «ansia de infinitud» es lo que la aísla necesariamente del mundo al crearse un espacio para descifrar los misterios que la acosan. Hay momentos en que la soledad es  fulminante: la viajera nostálgica llega a la «estación de nadie… donde nadie nos espera». Pero las más de las veces el exilio ontológico forma el punto de partida para sus odiseas interiores. En «Soneto a solas»,  su soledad se convierte en un rapto misterioso y casi místico.

Era como existir de otra manera
o sorprender un raro paraíso.
Salvada perfección y acaso era
como un resol extraño e impreciso.

El vivir su soledad es «un habitar de pronto lo endeble, un transitar lo eterno en esta vida. Aquella «fiesta intangible» es una celebración de la jornada hacia el interior.

Otro joven poeta que me envía un libro existencial de sus primeros 40 años, volando por el mundo algunas veces en vuelos terrenales y otras veces vuelos aéreos entra en lo insondable de su «soledad» marcando el remordimiento como laberinto mágico de su mente y la entretela de su corazón. Pide angustiado un perdón urgente abroquelado en la continuidad de su sentimiento que no acaba de morir sino que se posa como transeúnte extraño en una espaciosa mansión que vivió por tantos años.

En un grito desesperado de soledad, exclama:

 

¡Perdóname!

Lluvia intensa arropa el cielo, tu distancia me sentencia.
Me castiga el clima frío, que en tu pecho era calor;
Niños corriendo en la lluvia, tu recuerdo arde en mi pecho
y aunque intento hacerme el loco, mi olfato pide tu olor.

 

A ese verso yo no le marcaría el Perdóname, sino,  Camino en mi soledad amando. Un drama del pasado latente en un presente quizás cierto pero con un futuro inseguro.

Y para cerrar con punto redondo no se puede quedar uno en estos laberintos de la Soledad sin mencionar a un grandioso poeta dominicano, Rigoberto Bienvenido Nouel Almonte. Marca el punto donde desea que la soledad se convierta  en eterna y qué forma de describirla.

Testamentario

 

Quiero, natura
que me des una muerte madura y repentina,
serena, fuerte, áspera –no importa–
asi ha sido mi vida,
como el olor del sándalo en el hacha;
como  la pólvora en la carabina.
Quiero que sepas,
que no temo a la parca peregrina,
que me importa un comino  el cruel invierno
si me cubrió dichosa primavera
y  si ésta me besó por vez primera
en la segunda cuerva de la vida.
Que me place testar de esta manera;
que no se anidan en mi pensamiento
las aves de la fe y el sentimiento;
es que hoy soy asi, ave agorera,
trazando de mi vida las fronteras,
volando con los cánones del viento.

 

Y en el marco profundo de una noche,
en la espiral oscura de la nada,
quiero agotar mis últimos derroches,
como esclavo que piensa en el azote
recostado en la punta de la espada.


Como dijo el bardo cubano Luis Mario González quien fue miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. «La poesía de Nouel no se puede definir como algo común; es una poesía  fuera de lo común con solo ver el deseo de su final, como el olor del sándalo en el hacha; /como  la pólvora en la carabina. Una muerte repentina y explosiva aromada como el destello de la pólvora. Y es tan dolorosa su soledad que desea terminar su peregrinaje dejando su Testamentario con luces de colores como esclavo que piensa en el azote / recostado en la punta de la espada.»

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©Daniel Efrain Raimundo

Ciudad Romántica, miércoles, 17 de enero de 2018. Imposible comprender mis hebras sin escuchar la música. 

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