LA OTRA CARA DE LA MONEDA: EL COLONIALISMO «PACIFICO» HAITIANO  

DANIEL EFRAÍN RAIMUNDO

 

«Desgraciadamente, el concepto de negritud se utiliza como una mistificación para camuflar la naturaleza real de las relaciones establecidas en la sociedad.»

 

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. Desde que la puertoriqueñización en el corte de caña en República Dominicana se inició, la Guía Económica de la República de Haití, indicaba que el número de visados concedidos a los haitianos era aumentado considerablemente. Desde los años de 1957 se mantenía un estricto control de quienes salían de Haití y quienes entraban. Esta evolución no es sorprendente: a medida que se realizaba la puertoriqueñización en el corte de caña dominicano, no había ninguna razón para que el gobierno haitiano guardara celosamente unos habitantes de los que no tiene nada que hacer. Y además sólo se trataba de las cifras oficiales. Estaban para aquella época todos los que se marchaban ilegalmente.

Los haitianos se destacaron como cortadores de caña de azúcar en Cuba y en la República Dominicana, obreros, conductores de taxis, limpiabotas, mondadores de patatas, guardias de noche en los Estados Unidos y en las Bahamas, técnicos en Canadá y en África, agrónomos en los Kibboutzim de Israel; los haitianos están diseminados en centenares de miles por todo los rincones del mundo, según manifiesta Joseph Staco, en su libro «El fascismo del subdesarrollo».

Como se ve, los haitianos están diseminados en el mundo. Pero viven en condiciones muy diferentes. Los que pasan la frontera para ir a cortar madera preciosa en la República Dominicana llevan una vida muy dura. Muchos se preguntan ¿a cuánto se eleva exactamente hoy el número de trabajadores haitianos en la República Dominicana? Misterio, porque el gobierno Dominicano mantiene sobre los asuntos haitianos una discreción calculada. Misterio, porque las informaciones clandestinas e ilegales son tan importantes que perturban todas las estadísticas. También a este respecto tenemos que reducirnos a las conjeturas. Y estas conjeturas van desde dos millones a tres millones de personas. Según datos oficiales, los haitianos constituyen el 66% o más de los extranjeros que viven en República Dominicana.

Desde que fueron dispuestos en los bateyes, aislados de los trabajadores dominicanos debido al racismo hábilmente mantenido por las clases dirigentes de los dos países, los «macheteros» haitianos constituyeron la capa de trabajadores más explotada de la isla. En la actualidad abarca el 76% de la obra de mano de la tierra de Duarte en diferentes facetas que van desde la albañilería hasta la agricultura. La clase haitiana es la segunda luego de las remesas dominicanas en hacer circular el dólar y el euro en la media isla tan codiciada.

¿Por qué los haitianos ahora mantienen un patrimonio económico saludable en esta isla sin la explotación a que fueron sometidos con el corte de caña en épocas pretéritas? ¡Ah!, en Europa y en el Canadá, la emigración haitiana está compuesta en particular de profesores, de médicos, de estudiantes. Hay más médicos haitianos en Canadá que en Haití: esta imagen se ha convertido un poco en estereotipo, y sin embargo es cierta. Nos quedan los Estados Unidos que ofrecen un marco agradable para el dorado exilio de los políticos y las élites de ayer, pero también, y cada vez más, proporcionan las fabricas en las que explotar a las capas de la población haitiana que huyen a su vez del país. Una escritora americana dibuja esta progresión:

«La elite (se la puede definir como la capa formada por las mas viejas, las mas prósperas e influyentes familias de Haití, hablan en francés y con la mirada puesta en Europa, en general, pero no siempre, tienen la piel clara), que había vivido siempre muy bien, fue sometida a las mismas intimidaciones y presiones que a los ciudadanos de clases inferiores. Los haitianos llegaron en masa luego de la toma de Duvalier en el poder haitiano (a Nueva York).  Le siguieron a principios de los años sesenta un gran número de burgueses adinerados, cuyo éxodo tuvo unas consecuencias desastrosas proa el país. Finalmente, a mediados de los años sesenta, el empeorara la situación considerablemente en Haití empezó a producirse la llegada en masa de los pequeños-burgueses y de los obreros.»

En Estados Unidos de América se mira a los haitianos como a los chicanos, puertorriqueños, jamaicanos y se les reserva las malas condiciones de trabajo, lo salarios inferiores a los de los blancos, el racismo. Y eso trae como consecuencia lógica que los capitalistas americanos hacen de los haitianos los competidores directos de los negros americanos en el plano del trabajo. Emplean más fácilmente a los haitianos que a aquellos, ya que los haitianos pueden explotarse más y les causan menos problemas.

De la misma forma sucede en la República Dominicana. Los capitalistas dominicanos les encantan la mano de obra haitiana e inclusive el propio gobierno utiliza la mano de obra haitiana para construir las escuelas en todo el país. El gremio de ingenieros del país les importa un bledo la cuestión migratoria, pero protegen a los haitianos, porque según ellos es mano de obra barata y doblan el lomo mejor que los dominicanos. Asimismo los parceleros del país no quieren que a los haitianos lo deporten porque les pagan 500 pesos diarios y asi pueden tipificar las ganancias de las cosechas con la explotación de los ilegales de ébano que permanecen en el país. El manual de marxismo leninismo le llama a ese tipo de reivindicación el desarrollo de la movilización patriótica.

El tiempo nos dice que a ambos países en cuestión migratoria no les interesa resolver la situación del control fronterizo, porque deja pingues beneficios económicos para ambas fronteras. Poderosa y bien provista de fondos, los militares de ambas partes son los que deciden quien cruza y quien no cruza y eso le está costando al régimen dominicano muy caro, porque la sartén se le ha ido de las manos. Su arma absoluta, en la cuestión migratoria de los haitianos, es la compra de conciencia de los periodistas y medios poderosos de prensa. Además del grupo de Patrioteros que sin dinero pagado por esos mismos grupos no mueven un dedo y ni se atreven entonar algo que dice:

Quisqueyanos valientes, alcemos

Nuestro canto con viva emoción,

Y del mundo a la faz ostentemos

Nuestro invicto, glorioso pendón.

¡Porque lo que a  ellos les importa es el cashhhhh!

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©Daniel Efraín Raimundo.

Daniel Efrain Raimundo

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