La Necesaria Lucha Nacionalista

¿Qué es Patria? Sabes a caso lo que preguntas, mi amor?

Todo un mundo se despierta en mi espíritu a esa voz.       

                                                      (SaloméUreña)

 

Casi todas las personas que continuamente observan el panorama nacional, coinciden en señalar  que siempre hay temas nuevos en la palestra, o los mismos temas con otros matices. Presentes están siempre: la corrupción, criminalidad, inequidad social, impunidad, y otros. Dentro de este mismo esquema la llegada de un nuevo caso desplaza, de la primera página, al anterior. Sin embargo, lo que interesa destacar es que mientras  esto ocurre, hay temas que, como el peso de la migración haitiana en nuestro país, y los riesgos de la Soberanía Nacional, vienen  ocasionalmente cuando en verdad, no deberían salir nunca de la primera plana, ni del interés nacional.

Por lo general, luchar por valores patrióticos ha tenido siempre sus contrarios, por lo que hay que mantener latente la conciencia de que en este escenario intervienen factores objetivos y subjetivos: circunstancias, visión sobre el objeto, pertinencia, sensibilidad de la población a la que  va dirigida la acción, entre otros. Todos estos factores hacen más compleja o más viable la prosperidad de esa lucha que se quiera librar. No estar al pendiente y precavida, puede conducir a rumbos inseguros: frustración, autoculpa, hastío, confusión, y en el peor de los casos, el abandono del proyecto. Por el contrario, estar siempre a ojos abiertos sobre la realidad, permite, con lucidez, buscar nuevas  estrategias, escenarios y alianzas.

Los esfuerzos para detener la envestida contra la soberanía nacional dominicana atraviesan por un momento poco  auspicioso, y es pertinente que dicho tema  esté siempre  en vigencia, cual si fuera parte de nuestra piel social, por lo que lo peor en el horizonte es que se adolezca de un Plan Nacional pro- Soberanía, como indicador de que este es un asunto que va en serio, y que no se trata de reaccionar cada ves que una gota reboza el vaso. Cuando se crea el hábito de reaccionar por coyunturas específicas, se muestra la debilidad de la estrategia, o la ausencia de esta, lo que  es aprovechado por los enemigos de la soberanía  para denostar los esfuerzos nacionalistas.

Recientemente, una  antinacionalista, a ultranza,  dijo que  el asunto contra la migración haitiana es como una especie de moda. Estos son juicios de mala fe que siempre se anidan en los grupos de prohaitianos /as, mas a lo mejor esa persona quiere ver una estructura organizativa que la lleve a ella misma, y a quienes están con ella, a redefinir su accionar, y a temer por la traición de que se hacen reos.

Hay que resaltar los desventajosos factores que afectan la lucha por la soberanía, aquí en el país, como  son: el gobierno ha renegado de la soberanía, y más bien actúa de cara a favorecer acciones y propuestas que la cercenan. Por esa razón, cuando los gobiernos son indiferentes a la soberanía, los esfuerzos nacionalistas confronta muchos obstáculos, y se hace muy duro el accionar, pues el mismo gobierno frena y confunde a la población. Otras desventajas residen en que la comunidad haitiana ilegal, o no, cuenta no solo con el apoyo oficial sino con grupos de prohaitianos locales, así como un buen número de medios de prensa e intelectuales que asumen con ciega vehemencia su defensa.

Como si no fuera suficiente con todo aquello, los haitianos tienen el apoyo moral, lobístico y económico de agencias internacionales  en capacidad de  solventar sus actividades.  La lucha por la soberanía, por el contrario, enfrenta el sabotaje del propio gobierno, la falta de recursos económicos para accionar con éxito y continuidad, y solo se apoya en el poder de la razón,  el convencimiento  de sus ideales fundamentados en la historia, y en la conciencia del  rumbo  que  han tomado las cosas a favor de los y las migrantes  haitianas/os, y en contra del país.

Es porque desea cercenar la esencia de la soberanía nacional que el gobierno dominicano, desconociendo la historia y la cultura dominicana, así como la peligrosidad de los planes internacionales  que  continúan activándose contra el país,  ha jurado  mantener a toda la migración haitiana ilegal, por eso obvia  los plazos más que vencidos,  y extiende, atropelladamente el tiempo de su estadía, incentivando de este modo a esa migración y a la que se prepara para llegar. Es así como se relajan las leyes dominicanas y se  irrespeta al pueblo dominicano que sabe por donde se enrumba esa decisión, quien la ordenó, y a quien beneficia.

Prorrogar el tiempo de la regularización de quienes nunca se documentarán debidamente, pues tanto el gobierno como los organismos internacionales, y la traición criolla, le garantizan su estadía y posterior nacionalidad dominicana, es irrespetarse como país. Este es un sabotaje a la lucha para que estos no solo se queden sino para que sigan ingresando en mayor cantidad. En esta misma dirección apunta el incremento vertiginoso de los partos de mujeres haitianas en maternidades y hospitales dominicanos sin que el gobierno tome las medidas preventivas por lo que  esto significa en lo inmediato y en el tiempo por venir. Este es un asunto planificado desde fuera y desde dentro de nuestro país.

Uno de los efectos de la permisividad del gobierno, de cara a la migración haitiana, es el acaparamiento de los empleos. Ya están incursionando en casi todos los renglones de la economía nacional, asunto que les permitirá acumular fuerza y poder para, posteriormente, exigir en organismos locales e internacionales, mayores demandas reivindicativas sobre la base de violación a los derechos humanos, y para seguir  utilizando, a su favor, las figuras  del racismo y la xenofobia. Este panorama debe dar la suficiente lucidez como para no continuar viendo aquello como una   invasión pacífica, ya que esta es de las más violenta, pues al saberse apoyada, resulta más despiadada. ¿No creen ustedes que ya es tiempo de que, como parte de un Plan de lucha pro Soberanía, se le busque a esto un bajadero a nivel del Tribunal Constitucional?

Hay luchas que (como las ya citadas), a diferencia de la patriótica, puede tener resultados inmediatos, por lo menos en término de la identificación de la ciudadanía respecto del caso. Estos son problemas cuya denuncia  ha sacudido no solo a grupos  locales, sino que forman parte de una agenda internacional que incluso ha motivado que muchos países, arropados por esos males, hayan logrado sentencias condenatorias contra ex presidentes, congresistas y otros funcionarios. El problema nuestro  con el abuso de la excesiva migración haitiana, es asunto muy particular que nos afecta solo a nosotros / as, y no hay  foros internacionales que nos defiendan.

Para aquellas personas u organizaciones que tienen como punto fijo solo la corrupción y la impunidad, ya es tiempo de que hagan conciencia de que uno de los mayores focos de corrupción e impunidad reside precisamente en el tráfico ilegal que se da en la frontera dominico- haitiana,  donde militares y civiles, ávidos de ganancias mal habida, no reparan en ese delito, pues importa más el sucio negocio donde además, reina la impunidad como garantía de continuidad en ese delito.  En la frontera no solo es el negocio ilícito sino  la venta, a precio vil de la patria, para que se cumpla así el sueño de los haitianos. Es por esto que la ciudadanía, sin que se haga muy tarde, deberá entender que la lucha por la soberanía es un asunto de dignidad, algo ético.

Este negocio es peor que el de las drogas. Ese tráfico ilícito y perverso ha comprometido incluso honorabilidad de algunos líderes religiosos. ¿No recuerdan la cantidad de niños haitianos que  declaró, hace varios años, el padre Regino? Además de algunos sacerdotes católicos, hay otros sectores (sociedad civil, ONGS,) que han entrado, conscientemente, al servicio del delito pasando por encima a los escrúpulos e indicando que  poco les importa el daño que sus acciones acarrean  a su país. Promover leyes que criminalicen, con mayor énfasis,  el tráfico en la frontera, debería formar parte  del Plan Nacional de preservación de la Soberanía.

Aunque existan otros focos migratorios en el país, jamás y nunca se debe olvidar  que  migración haitiana es una migración voraz, y decidida a con quistar territorio ajeno, tal y como fue el nombre de una campaña que dirigió hace varios años un religioso evangélico, probablemente con la  colaboración de un ex embajador haitiano en el país. Ella, la migración haitiana, aunque suene repetitivo, es un a migración intencionada, enemiga histórica del pueblo dominicano. Su interés no es solo por la pobreza, que no es causa nuestra sino de ellos, su propósito y credo es el mismo: que este territorio le pertenece. Quien olvide esa verdad imborrable, hace muy buen servicio a los planes internacionales que solo buscan salvar a Haití a costa nuestra.

Definidas así las cosas, es el gobierno quien dirige todos los planes antinacionales, pero si bien el panorama no es halagüeño, al menos justifica la elaboración de una Estrategia Nacional pro Soberanía, una estrategia sometida a la prueba de los obstáculos y desventajas identificadas. Nunca como en estos momentos ese instrumento de lucha ha sido tan  pertinente.

En dos ocasiones, durante este año 2017, un grupo de intelectuales, motivados en el escandalo de corrupción exacerbado en el caso Odebrecht, pidió la renuncia del presidente Danilo Medina. Esta  propuesta no carece de mérito, pero si existe una razón de enorme peso para pedir la renuncia al Presidente, es por haber este entregado y comprometido la suerte y futuro de país a beneficio de los haitianos, y a conveniencia de intereses internacionales cuyos planes están muy definidos: que Dominicana resuelva los problemas de espacio físicos y deficiencia sociales acumuladas a través de  su historia y procesos políticos de Haití.

La Constitución dominicana dice quien sustituye al presidente o presidenta de la República, por lo que en consecuencia estaríamos en las mismas y peores manos. Aun así, pedir esta renuncia,  pudiera ser parte del contenido de un Plan Nacional para salvaguardar la Soberanía Dominicana, un plan estructurado de tal modo, que sea capaz de hacer  entender al gobierno que la soberanía no se negocia, y que  cada país debe responder por ella.

Ahora es un oportuno momento para recordar al nacionalista Federico García Godoy, (autor de “El Derrumbe”) para quien “por encima de todos los deberes, está el santo deber de conservar lo más incólume posible la herencia que recibimos de los abnegados fundadores  de la República. El, dentro de sus afanes pro Patria, fundó  en Moca, junto a otras personas, la sociedad nacionalista “Patria”. Aunque no duró más allá de los tres años, este fue un bello precedente, una iniciativa que habla muy bien de la gestión encaminada a la preservación y el fortalecimiento  de la soberanía.

Los gestores de “Patria” formaron, dice el texto, una revista, un órgano de difusión que circuló nacional e internacionalmente. La mención viene al caso, porque Garcia Godoy  entendió que no era suficiente con escribir y teorizar sobre los asuntos patrióticos, sino que había que accionar para que lo escrito se transformara de cosa en potencia, en cosa objeto de situaciones vivificantes. ¿De qué otro asunto está tratando este nacionalista dominicano, sino de un programa estructurado  para defender la soberanía?.

En el “El Derrumbe” se destaca que, desde la revista, se trató el asunto de la tierra, los límites fronterizos y la apropiación por parte de extranjeros. El asunto territorial, para Godoy, estuvo siempre vinculado a la soberanía. ¿No sugieren estos puntos un programa para el accionar de este momento?. Los haitianos se están adueñando del territorio dominicano no solo con su invasión  violenta  y cotidiana, sino que además están comprando tierra, negocios, apartamentos, hoteles. ¿Es esto una estrategia? ¿Y la nuestra cuál es? Garcia Godoy dijo que si por falta de previsión  oportuna, sucediera tal cosa (que la propiedad del suelo pase a manos de  terratenientes extranjeros)  nuestra soberanía  sobre el territorio resultaría ilusoria. Pág. 150.  La previsión también debía ser parte del espíritu del  programa pro Soberanía Nacional.

Tanto ayer como hoy  existen quienes frente a la lucha en defensa de la soberanía, y de nuestro territorio, adoptan posiciones de miedo, indiferencia y falta de fe, por eso el autor de El Derrumbe advierte que “No se atropella fácilmente a un pueblo, por pequeño que sea, si se le ve  dispuesto a  defenderse  sin reparar  en  medios ni procedimientos”. Entonces, en el entendido de que el destino de la soberanía dominicana atraviesa por estos obstáculos, y sabiendo que la lucha nacionalista es una de las más importante y ética, hay que elaborar un “Plan Nacional en Defensa de la Soberanía, un plan sin precedentes, que incluya la concientización masiva, la denuncia permanente y el involucramiento, con funciones especificas, de la mayor cantidad de sectores sociales.

Como punto de partida de esa conciencia hay que apropiarse de otro vocabulario que nos sitúe en la realidad, asumiendo, razonadamente, que la invasión de Haití hacia nuestro país, no es pacífica, es la más violenta de las invasiones, pues nos empobrece de modo atroz, ya que: arrasa con los empleos formales e informales, con las aulas de las escuelas públicas y las universidades, arrasa con el presupuesto destinado a la salud pública, el espacio físico, depredan la ecología dominicana, aportan bastante al índice estadístico de delincuencia y a la violencia de género, exigen más territorio del que le corresponde, son insaciables, pero nada exigen a su gobierno, sino al nuestro.

Si lo anterior  no fuera demasiado, los haitianos se apandillan fuera de República Dominicana para, en base a falsedades y calumnias, alegar en organizaciones internacionales, supuestas violaciones de derechos. ¿Conocen ustedes una migración más dañina  y desconsiderada que la migración  haitiana en nuestro país?. Lo de pacífico más bien hay que endilgárselo al pueblo dominicano, y a la actitud a cómplice de nuestras autoridades. Hagamos un plan de defensa soberana, aunque nos cueste mucho sacrificio, hagámoslo !

 

Melania Emeterio R, Agosto 2017

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