La Economía Política en la Destrucción de la República Dominicana

Osvaldo Montalvo Cossío

ormontalvo@gmail.com

Ponencia presentada en el Instituto Duartiano, Santo Domingo, Enero 16 del 2018

 Buenas noches:

Estas palabras quieren ser una síntesis de un ensayo titulado “La Economía Política en la Destrucción de la República Dominicana” que se pondrá en circulación en estos días. La tesis central del ensayo es que los países centrales –EUA, Francia y Canadá- quieren trasladar el costo monumental del Estado fallido haitiano sobre los hombros de los dominicanos. Aquí, el término costo no es retórico, una figura del lenguaje. No, hablamos de costo económico, dinero que pagan los contribuyentes dominicanos al que hay que sumar los que denomino costos de remediación que provocan, estos últimos, una caída estrepitosa en la utilidad de que disfruta la sociedad, es decir, del nivel de vida de los dominicanos. Al final haremos un cálculo grueso del tamaño de ese costo.

Pedirle a un país, así, de sopetón, que cargue con la miseria haitiana, a un país que si bien no tan pobre, no se caracteriza por un nivel de vida elevado entre los países del mundo, pues resultad extravagante, cuando menos. ¿Cómo le puede pedir Estados Unidos a la República Dominicana que cargue con los haitianos cuando Estados Unidos tiene un PIB per cápita de 57 mil dólares y nosotros de 7,500? ¿Qué puede decir Francia, con un PIB per cápita de 38,500 dólares? ¿O Canada, con 52 mil? Obviamente, hay que darle una vuelta al expediente, hay que disfrazar el propósito.

Países que no tienen una foja muy limpia en lo que toca al respeto a la soberanía de otro países, el respeto a sus leyes propias y locales, y hasta a los mismos derechos humanos. Pero el dinero es un instrumento muy poderoso, y con dinero se compran las conciencias y la dignidad de los más débiles. No tengo que abundar en que todo el proceso de persecución y acusación a que ha sido sometido el país es la estrategia seleccionada para doblegar voluntades y crearle un estigma internacional que pueda ser utilizado como mecanismo de negociación y chantaje. Por una cuestión de tiempo no voy a entrar a caracterizar la inmensa injusticia que se comete contra la República Dominicana con esas acusaciones, tanto falsas como cínicas. Como si quienes acusan pudiesen tirar moralmente alguna piedra.

Uno de los frentes abiertos por el grupo fusionista ha sido, obviamente, el económico. Por este lado le dicen a los dominicanos:

  1. a) Que los dominicanos explotan a los haitianos en el ámbito laboral. Quieren puestos ejecutivos para los haitianos ilegales, pero nunca dicen cuál será la empresa empleadora. Ellos no, por supuesto. Nunca. No mencionan que los haitianos emigran porque Haití tiene una economía en ruinas, en lo que los dominicanos no tienen absolutamente ninguna culpa o responsabilidad. Los dominicanos nunca han extraído riqueza de la naturaleza haitiana, ni Haití ha sido colonia dominicana, ni los dominicanos han invadido u ocupado Haití. ¿Cuál es el nexo de la relativa abundancia dominicana con la miseria haitiana? En todo caso, más probable sería encontrar una conexión de la miseria haitiana con la abundancia francesa.
  2. b) Dicen que la migración haitiana es una oportunidad para los dominicanos puesto crea la posibilidad de influencia insular, un mercado sin trabas de 21 millones de personas. Una zona económica común eventualmente con una misma moneda. Lo que callan es que si el desarrollo capitalista de los últimos cincuenta años ha demostrado algo, es que se trata de un proceso de producción de mercancías cada vez más elaboradas y complejas, de mayor valor agregado. Mercancías de conocimiento. A la inversa, el subdesarrollo se define como el atascamiento de un país en la producción de mercancías intensivas en mano de obra. Es decir, estos sicofantes plantean que lo que le conviene al país es profundizar las causas de su atraso.

Si importamos trabajadores de Haití, ¿qué traemos? Los registros oficiales son que el 70% de los haitianos viven por debajo de la línea internacional de la pobreza (US$1.25 diarios) y más de la mitad de los adultos son analfabetos. Según los fusionistas, esta masa poblacional es la que va a proyectar a la República Dominicana hacia el desarrollo.

  1. c) Dicen que los haitianos crean valor económico que se constituye en demanda interna por cuanto su ocupación es beneficiosa para los dominicanos. También los chinos crean valor económico trabajando en las empresas de capital norteamericano en China. Y esos salarios se convierten en importaciones de Estados Unidos. Sin embargo, este país -¿por qué será?- no le da la nacionalidad americana a cada chino que trabaje en una empresa americana en el exterior.

Estos amigos globalistas no se refieren al hecho obvio y demostrado de que la demanda es el lado corto y dominante en el mercado capitalista. Esto se traduce en que la sobreoferta de un recurso productivo, de trabajo en este caso, no se transmite a un mayor volumen de producción. En otras palabras, mayor migración ilegal va a aumentar la tasa (y obviamente el número) de desempleados puesto que no es inductiva de crecimiento.

Pero el colmo del cinismo es cuando los economistas fusionistas dicen que los haitianos no compiten con los dominicanos. Entonces, si no es con los dominicanos, ¿con quién es que compiten? Lo que quieren decir, que no lo dicen abiertamente, es que los dominicanos supuestamente abandonaron los puestos de trabajo en la agricultura y la construcción. En un instante contestaremos a esto, por ahora volvamos al asunto de la competencia en el mercado laboral.

Como sabe cualquier trabajador sindicalizado (médicos, maestros), el efecto inmediato de una huelga es reducir la producción a cero. Si el empresario no produce, no vende. Si no vende, no gana. De esta manera se le presiona para que aumente los sueldos y otorgue otros beneficios. Sin embargo, si hay una oferta de trabajo siempre dispuesta a trabajar por menos, apenas al mínimo legal, no hay manera de hacer una huelga. Con lo que no hay manera de mejorar los salarios. Otro efecto importante de este permanente ejército de reserva es que inhibe por completo el progreso técnico. ¿Para qué invertir en la mecanización y tecnificación de los procesos si se puede hacer con mucho menos capital con mano de obra ilegal?

Pero, ¿qué pasa con los dominicanos desplazados que dicen nuestros amigos fusionistas que no compiten con los dominicanos? ¿Qué hacen, porque de alguna manera tienen que sobrevivir? Cualquiera pensaría que suben al escalón de ingreso inmediato superior, es decir, dejaron de ser los más pobres en la sociedad. Pero no es así, hacia arriba en la escala de ingreso sólo se sube mediante aumentos en la productividad, y no hay razón para pensar que la productividad media ha aumentado. Ese fenómeno de ascenso social sí tiene lugar en los países desarrollados donde el aumento de productividad seca la oferta laboral en los segmentos de bajo ingreso. Aquí, por el contrario, la sobreoferta laboral inhibe la tecnificación. Es decir, si el trabajador dominicano encuentra una barrera impenetrable arriba y por abajo lo empujan, ¿hacia dónde se desplaza? Lógicamente, hacia los lados, hacia la economía informal o subterránea, gris, canalla. (a vender empanadas, discos pirateados, al micro tráfico de drogas, la prostitución o la delincuencia). Para ello, la probabilidad de castigo por los ilícitos se deja caer deliberadamente para abrirle posibilidades de sobrevivencia a los desplazados. No es que ganen más, se arriesgan más. Probablemente no estén dispuestos a realizar el trabajo del migrante ilegal al precio que se les paga por un asunto de costo de la fuerza de trabajo. Pero justamente por eso es que se ajustan los salarios mínimos, para recuperar la capacidad de compra perdida por la inflación y para mejorar aunque sea ínfimamente el nivel de vida de los trabajadores. Pero eso será imposible mientras haya fuerza de trabajo disponible al nivel de sobrevivencia.

Ya vamos viendo los efectos profundos y nocivos de la migración ilegal entre la clase trabajadora y la sociedad dominicana en general. Los fusionistas nos quieren convencer de que nada de esto es cierto. La ocupación haitiana es una visión histérica de los ultranacionalistas, derechistas y conservadores. Son paranoicos, además de insensibles e indiferentes a la miseria haitiana. La idea de que existe una conspiración para fusionar los dos países es una visión catastrófica para desviar la atención de los expedientes de corrupción.

Bien, sólo hay que salir a la calle y al campo a mirar con atención. La evidencia es la prueba de fuego de cualquier análisis. Salgan y vean. ¿Qué hacen los haitianos y cuánto ganan? ¿Dónde vivien? ¿Cómo viven? Y, de igual manera, lo que hacen los dominicanos.

Nuestros amigos los traidores dicen que los haitianos son mano de obra barata, que por eso los empresarios prefieren la mano de obra haitiana a la dominicana. De aquí deducen que la mano de obra ilegal le conviene al país.

Concedo la mitad del argumento: los empresarios contratan mano de obra haitiana por un asunto de precio. El dominicano no acepta ese salario por un asunto de costo personal, su nivel de vida histórico es mayor que el del haitiano. Ahora bien, en la aseveración anterior se esconde una falacia, que en economía se llama falacia de agregación. Consiste en pensar que lo que le conviene a uno le conviene al todo.

No es difícil de demostrar: el costo del trabajo tiene dos componentes: el salario directo, que paga en dinero el empresario, y el salario indirecto, que paga la sociedad en la forma de bienes y servicios públicos. El costo directo, el salario, lo gasta el trabajador (el que sea, dominicano o haitiano) en comprar bienes privados: comida, bebida, zapatos, albergue, etc. El salario o costo indirecto es el uso del capital social que hace cuando se desenvuelve –inevitablemente- en el medio colectivo. Cuando usa calles, carreteras, transporte, servicios de salud, etc. El empresario le paga para que compre la primera parte pero nada para la segunda. ¿Qué tan grande puede ser ésta? Mucho, inmensa. De hecho, la diferencia principal entre los países desarrollados y los subdesarrollados no son los sueldos privados por escalafones sino el capital social acumulado por décadas, por siglos. Quien camina hoy por los Campos Elíseos disfruta la inversión que han hecho los franceses desde el siglo XVI.

Puesto que los haitianos ilegales no pagan impuestos, o lo que pagan es irrisorio, el uso que hacen del capital social lo tienen que pagar los dominicanos mediante el sistema impositivo. ¿A cuánto asciende este costo? Actualmente hablamos de un 30% del gasto social. Ahora hagamos de nuevo la pregunta: ¿es barata la mano de obra haitiana? Sí, pero para el empresario. ¿Es barata para el país? De ninguna manera. 30% del gasto social en el 2017, proyectemos el asunto desde una perspectiva malthusiana. ¿Habrá hospitales para los dominicanos en diez años? Hospitales para los dominicanos pagados por dominicanos, porque si los hospitales donde atienden a los haitianos los pagaran los fusionistas, todo mundo contento. Pero no es eso lo que quieren, es exactamente que los dominicanos mantengan a los haitianos.

Un último asunto puesto que los subsidios que pueden otorgar los dominicanos a lo mejor no son tanto. Los subsidios no son lo que se quiere sino lo que se puede. Aún con el sistema de subsidios actual, el ingreso mensual del 50% de la población dominicana es menor a 16 mil pesos. En las provincias de la frontera, hay zonas donde la línea de pobreza alcanza el 70% de la población. Es decir, si de pobreza se trata, aquí hay mucha, también disponible para exportar a los países ricos.

Lo más importante por su tamaño y por sus efectos deletéreos es lo que he llamado costo de remediación. El concepto se entenderá de inmediato mediante una ilustración. Digamos que con el sistema de impuestos que tenemos hemos construido un parque que nos ha costado $1,000 pesos. El parque es ejemplo de lo que constituye capital social, un bien público. Vamos al parque a caminar, a jugar con nuestros niños, a celebrar un cumpleaños. Nuestro parque nos reporta una utilidad social de, digamos, 1,000 unidades. Todo bien hasta que un día un grupo de haitianos ilegales se asienta en el parque. Pernoctan en él, empiezan a cocinar talando sus árboles, lo usan como baño. Luego construyen ranchetas para vivir ahí, vienen otros, ahí se reproducen, etc. En poco tiempo se hace un villorio mientras desaparece el parque como tal. La sociedad que pagó por el parque ya no lo puede utilizar. La utilidad social cae a cero. Posterior al desembolso por su edificación, es decir, a los primeros $1,000 pesos, no ha habido otro desembolso. Pero la utilidad social se perdió completamente. ¿Cuál es el costo de remediación, es decir, de reconstruir el parque para que reporte la utilidad perdida? Claramente, otros $1,000. De seguro más, porque ahora habrá que desalojar a los ocupantes ilegales. Hecha la inversión, el costo de remediación es potencial. Si la sociedad no quiere o no puede reconstruir el parque, se ahorrará el gasto monetario pero su nivel de utilidad se mantendrá en cero. Pregunto: ¿alguna similitud con la realidad que estamos viviendo con los haitianos ilegales?

¿Cuál es el costo de los haitianos ilegales en la República Dominicana? Un cálculo que, en principio, parecería engorroso puesto que nos introduce en la medición y las cifras del PIB, la distribución de ingreso, el sistema de impuestos, etc. Sin embargo, demos un atajo y llegaremos a una cifra que, si bien no exacta, nos dará un sentido de dimensión muy preciso. Vámonos a las convenciones. Fijemos el valor de la Canasta básica en $30,000 pesos actuales, cifra aproximada donde termina la exención de la renta. Esta canasta cubre principalmente bienes privados, quien devenga este ingreso todavía tiene que ser subsidiado en cuanto a los bienes públicos. Y pongamos que los trabajadores migrantes (legales o ilegales) ganan una media de $6,000 pesos mensuales. De igual manera, digamos que son 1.5 millones, el cuarenta por ciento menores de 15 años, treinta por ciento ocupado y treinta por ciento cesante. ¿A cuánto asciende el subsidio necesario para llevalos al nivel de la Canasta básica en el que, no lo olvidemos, todavía tienen que ser subsidiados por los bienes públicos? No, mejor ¿a cuanto asciende el subsidio para llevalos a la mitad de la canasta básica, a $15 mil pesos? El cálculo es simple ((15,000 – 6,000) x 450,000 + (15,000 – 0 ) x 450,000)) x 12, y asciende a la friolera de 130 mil millones de pesos anuales, el 35% de los impuestos recaudados el año pasado. Equivalente al 5% del PIB, lo mismo que la sociedad logró dedicar al sector educativo luego de décadas de lucha. Es decir, el subsidio otorgado a los haitianos ilegales equivale a lo que el país asigna a la educación.

Por supuesto, recordemos que el subsidio total se obtiene mediante los subsidios estatales, mediante el uso sin aportación de la infraestructura económica y como un costo de remediación. Pero subsidio al fin. Este último, el costo de remediación, no es un pago que se ha hecho ni que se hará. De hecho, no hay posibilidades de hacerlo, sería la ruina de las finanzas públicas. Sin embargo, mientras no se haga se constituye en desutilidad y en indigencia. Y la indigencia en desorden, insalubridad, delincuencia, el conocido círculo vicioso de la pobreza, ahora a en circuitos crecientes y veloces.

Finalmente, la destrucción de la República Dominicana no será con bombas, a lo mejor tampoco mediante la guerra. Será una muerte dolorosa y agónica por asfixia, por el enrarecimiento del medio vital, del habitat. Quizás algo más rápido, como cuando muere un prado comido por langostas. Esto si nuestra falta de perspicacia histórica, nuestra obsesión con el bienestar individual y nuestra indiferencia para defender lo que somos no nos permite reaccionar a tiempo y con la fuerza necesaria. Por lo menos el juego está claro, ya nadie puede alegar desconocimiento o confusión. Sí puede elegir, como hasta ahora, no hacer nada en el entendido de que otro se encargará del asunto, eso nadie se lo puede impedir. Por lo que ahora toca que cada quien haga lo que sienta que tiene que hacer para salvar la Patria. O mansamente aceptamos morir aplastados por las circunstancias.

Buenas noches.

Pedirle a un país, así, de sopetón, que cargue con la miseria haitiana, a un país que si bien no tan pobre, no se caracteriza por un nivel de vida elevado entre los países del mundo, pues resultad extravagante, cuando menos.

Pero el colmo del cinismo es cuando los economistas fusionistas dicen que los haitianos no compiten con los dominicanos. Entonces, si no es con los dominicanos, ¿con quién es que compiten?

Puesto que los haitianos ilegales no pagan impuestos, o lo que pagan es irrisorio, el uso que hacen del capital social lo tienen que pagar los dominicanos mediante el sistema impositivo. 

Osvaldo R. Montalvo Cossío estudió esconomía en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (1985), con estudios de post grado en Mexico. Ha trabajado en la promoción de inversiones, en el sector privado como empleado y como empresario, y en el sector público. Asesor de mepresas provadas y en el sector público.  Profesor universitario por muchos años y dedicado en los últimos años a las finanzas.

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1 Comment on "La Economía Política en la Destrucción de la República Dominicana"

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William
Guest

Qué excelente artículo. Destruye tajantemente los argumentos que esgrimen los invasores y sus traidores. Valiente articulo. Este es un articulo para un gran debate. Mi admiración Sr. Montalvo Cossío. Quiero ver mas escritos como este.

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