ENTRE CUMBO Y PODENCOS

ENTRE CUMBO Y PODENCOS

«Toda tensión prolongada es falsa. Hacer amar lo falso es estancar, u obligar a volver atrás la humanidad». 
José Martí.

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.- En medio de una algarabía atronadora donde la bajeza ciudadana se enaltece, volvemos a la carga con relación al mismo cuento arropado con lechuga envenenada. La Carta Magna del país prohíbe el proselitismo a Trujillo. En una oposición diezmada y que muchos afirman que la misma está formada bajo la medida del partido que nos gobierna, se levantan añoranzas de regresar a 60 años de atraso, palo y tentetieso. Muchos ciudadanos bien intencionados desean que el Trujillismo regrese de nuevo al país, porque no lo vivieron y desconocen el estrago que trajo a una sociedad que vivía bajo la bota del Generalísimo.

La cuestión de que si Cumbo y sus más cercanos compañeros de desgracia y de viaje son o no son trujillistas es todavía motivo de sesudas disquisiciones por parte de historiadores y sociólogos. Con criterio verdaderamente científico, estos señores van como Sherlock Holmes lupa en mano por archivos y fuentes examinando testimonios y consultando relatos, estudiando y subrayando los discursos de «El Generalísimo», todo para tratar de determinar en qué punto se confirma o se desvanece la hipótesis del Trujillismo de Cumbo. Que si fue antes del problema del Banco Nacional de la Vivienda o después del desparpajo de la Jeepeta; que si Cumbo se hizo trujillista porque la familia de Ramfis su tío está en desgracia y se han pelados todos; que si antes o después del linchamiento de su tío Radhames; que si Cumbo se hizo trujillista en Paris convertido por la memoria de Porfirio Rubirosa, porque era mujeriego, o ya lo es  desde sus andanzas en Brooklyn, Nueva York donde nació en 1970; que si cuando actuó en la organización del Museo a Trujillo lo hizo ya como trujillista o si sus colmillos afilados de trujillista salen ahora que hizo el pacto con Ismael Reyes.

A los investigadores parece que los absorbe –o acaso más bien es que los entretiene como un crucigrama—la búsqueda del dato preciso que en una forma y otra nos presente el gran camaján de la calva bien como a un convicto y confeso devoto de las doctrinas trujillistas, o bien como a un insigne demócrata disfrazado de demagogo, para mejor coger los cuernos al toro del «confundido pueblo pensante dominicano.»

Mientras los hechos se precipitan y se acumulan, la academia de los exegetas de la literatura trujillista compila, clasifica, compara y consigna: «Esta  no es la línea trujillista… Trujillo dijo otra cosa… los lideres trujillistas del Partido Dominicano no se sienten seguros… aquí no se han cumplido las etapas de un verdadero Trujillismo.

Hay veces que la sagacidad es tanta que el alma nos vuelve al cuerpo. Es verdad que el animal tiene figura de hiena, es sanguinario como las hienas, sucio como las hienas, emite sonidos iguales a la hiena, pero… no es hiena. Las tablas zoológicas de las Ciencias Políticas no registran la especie del cumbismo trujillista. Toda indicación en este sentido es puro decorado; el asalto a la libre opinión en las redes se nota; la sed de sangre; la sed de dinero y la sed de grandeza es algo que se ha lanzado y vamos rumbo a la abolición del estado de derecho, la transformación de la República en etado-satelite de quien sea, la vinculación con mafias al estilo Capone y el monopolio estatal e ideologico, la conversión de las escalas en centros de adoctrinamiento, el control absoluto de la prensa y el que no esté de acuerdo se regresará al tiempo de la 40… todo eso, a lo sumo, prueba sólo que estamos en la fase inicial y nerviosa del regreso de una Trujillismo con capa y espada. Nada más. En tanto que no aparezca el carnet de la filiación de Trujillo con la Palmita, o los episodios del drama dominicano no se sucedan en el orden prescrito  por los potentados del poder clásico del Trujillismo agazapado, no podemos hacer otra cosa que seguir investigando. La sociología no se equivoca.

No cabe duda de que esto es, después de todo, un gran consuelo. ¿No será que nos hemos apresurado demasiado en nuestra imaginación tropical? ¿No deberíamos mejor suscribirnos de nuevo a la Revista Ahora si reaparece y tratar de conocer más de la República Dominicana leyendo los artículos de luminarias de la pluma dominicana? O tratar de buscar los artículos para conocer mejor de Sartre, o de Carleton Beals, o la obra Cara y Cruz de una Tiranía o Listen, Yanqui! Del gran sociólogo de Columbia C. Wright Mills? Los últimos días de la Era de Trujillo del gran periodista dominicano, Miguel Guerrero. Es asombroso lo que los grandes investigadores, con sólo unos dias de vista, pueden enseñarle a uno de su propio país.

¿Trujillista Cumbo? El asunto está pendiente del juicio de los estudiosos en la materia. Esperemos. Además, ¿no decían muchos en aquella Tiranía?: ¡Salve San Cristóbal  (me pregunto si tantos lo estarán diciendo todavía) «seguiré a caballo. Entonces, ¿a qué apurarse? Sin embargo, viendo la encomiable seriedad con que los que saben se plantean el complicado problema, no puede uno evitar que le venga a la mente aquella fábula en que unos conejos, detenidos en medio del camino, argumentaban acerca de si eran galgos o si eran podencos los perros que estaban ya casi al morderles el pescuezo…

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©Daniel Efrain Raimundo.

Santo Domingo de Guzmán, sábado, 03 de marzo de 2018.

Daniel Efrain Raimundo

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