EL PODER DE LA VERDAD

RAMFITO TRUJILLO Y CLAUDITO CAAMAÑO

 

«Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.»

Jesús en el Evangelio de San Juan

 

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.-  Quisiera advertir de entrada que no me he propuesto, con los últimos artículos, iniciar alguna serie de purgas, pero sí de comparaciones,  tal como podría inferirse del reiterado encabezamiento de citas bíblicas. Aparte de su fuera convincente como porciones de sabiduría milenaria y divina, su inclusión en estos casos ha sido sólo cosa de coincidencia feliz. Han venido bien.

Ahí tenéis la verdad. La consideración de lo que es y lo que no es, de lo cierto y de lo falso, de lo real y de lo aparente, adquiere en el moderno enfoque de los hechos históricos una importancia que afecta hasta el mismo derecho a existir. En un mundo cuyos contornos suelen casi siempre llegar a las gentes a través del vidrio artificial de la propaganda, la verdad está expuesta constantemente a atroces deformaciones ópticas.

El poder de la verdad es el gran tema de nuestros tiempos. ¿De estos tiempos? «Cumbito» Trujillo y Claudito Caamaño son hojarascas parleras del momento pasajero y de agitación que vive el país. Vienen de raíces parecidas. Ambos son «nietos» (por decirlo de una forma) de dos déspotas. Fausto Caamaño y Rafael Leónidas Trujillo Molina. Ambos abuelos gravitaron a lo largo de más de 30 años en la vorágine del país. Tuvieron manos férreas y sus vástagos no quedaron bien parados en la historia nacional. Francisco Caamaño quemó Palma Sola, fue el Jefe de los Cascos Blancos que reprimió al pueblo dominicano en el Parque Independencia y uno de los que apareció junto a Ramiro Matos cuando fusilaron a los 23 izquierdistas en las Manaclas incluyendo a Manolo Tavárez Justo. El otro, Radhames Trujillo, fue asfixiado en Colombia por fuerzas del hoy convicto Rodríguez Orejuela que pasa toda su historia en una cárcel federal norteamericana. Trujillo era doble agente y narcotraficante.

Este es el dilema trágico de nuestra historia que por ignorancia nos comemos esas lechugas envenenadas como decía Hatuey Decamps Jiménez. Este dilema del saber o no saber que plantea todo el universo dominicano en el plano de las categorías políticas: el de libertad o esclavitud.

Para ir al meollo de la cuestión: entre la concepción jurídico-democrática del orden internacional y los derechos individuales y los peligros del nuevo imperialismo existe un trance de muerte en el que puede caer y perecer la actual civilización.

Y el dilema de los que han de resolverse en el recinto privado de la conciencia. Siquiera por instinto de conservación, cada cual está hoy obligado a preguntarse a cada instante: Qué destino quiero para mí y mis semejantes, ¿el del rebaño mecánico movido y dirigido por las cuerdas inflexibles del Superpoder o el de la comunidad abierta de los hombres libres?

En esta trayectoria y callejón sin salida es un caso de elección inevitable. Una encrucijada fatal en la que el mundo tiene necesariamente que tomar camino. Uno u otro camino.

Son dos propuestas antagónicas entre lo que representa Ramfito y Claudito. El primero representa a losCésares democráticos y el  segundo a Fidel Castro y su aparato de exterminación. Al primero le impiden el decir que su abuelo era bueno y al segundo le aplauden ser representante agazapado de la Tiranía más grande que ha parido América. ¡Qué contraste! Los «nietos» se han ido a polos opuestos. Uno regresa a los famosos merengues de la Era y el otro al grito infame de ¡Patria o muerte! ¡Correremos! Uno se toma una fotografía en Paris, Francia y suelta el embuste que está implorando en Paris por el siempre sufrido pueblo dominicano. Mientras que el otro dispara un mensaje de Navidad utilizando la celebración para disparar su ditirambo político envenenado. Ambos son un espejismo. Por ahí se explica que los embates dialecticos de los totalitarismos tengan como táctica favorita el monopolito o control absoluto de la expresión del pensamiento. Asi se logra un doble propósito: la ocultación de la verdad, por una parte, y la divulgación de la mentira, por otra. Por tal razón ese monopolito se ha convertido en «Fake News» para los cerebros pensantes.

La verdad de que el hombre es nacido para ser libre es la famosa piedra angular del orden social que Jesucristo afirma; el «principio justo desde el fondo de una cueva» de la matadora martiana. Esa verdad es por sí sola irresistible; su sola mención es suficiente para retratar, como  en radiografía psicológica, el cáncer de la mentira totalitaria.

Tanto Ramfito como Claudito «nietos» de dos abuelos matones y de dos tíos que su historial es nauseabundo que no se les olvide que se pueden taponear los oídos del mundo con la algarabía del escándalo. La verdad siempre se abre paso; es inmortal; tiene en sí misma la fuente de su existencia.

El conocimiento, sin embargo, es un vehículo necesario. El saber, el enterarse, el ponderar las ideas en el plano digno de la discusión elevada, disipa los sofisma de las idolologías esclavistas de la misma manera que la luz rasga las cortinas en la oscuridad.

A estos dos pichones de tiranuelos les recuerdo que por lúgubres que sean las amenazas que hoy se ciernen sobre los hombres, hay un poder bajo el Cielo que trae a la mente aquel título de Darío, «Cantos de vida y esperanza». Es el poder de la Verdad penetrando como espíritu de amanecer y resurrección en las conciencias. Las ideas no son ni de Ramfito ni de Claudito.

Ambos terminarán balbuceando en un mundo libre defecando su totalitarismo agazapado. Uno y otro, dolor y espanto; jaqueca y vómito. Uno emulando a su «Salve San Cristóbal» y el otro afirmando, «Fidel Quisqueya también es tu casa». ¡Qué desparpajo!

Eso basta para ser libres.

Guerra avisada no mata soldado.

El que tenga oídos para oír que oiga
Por la paz.
Desde Ciudad Nueva en el exterior,
Daniel Efrain Raimundo.

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©Daniel Efrain Raimundo
miércoles, 03 de enero de 2018. El orden de los factores no altera el producto. Claudio era primo de Francis…. Por lo tanto Claudito no es nieto del chacal de Fausto, pero viene de una estirpe que ha sabido nadar desde el siglo pasado hasta la fecha.

Daniel Efrain Raimundo

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