La fusión: ¿a quién se le ocurre tal locura?

Editorial huesped

Tomado del Listín Diario

 

Es una prédica viciosa y subversiva, pero vana, la que un pastor evangélico haitiano inculca a sus fieles para que “tomen conciencia” y promuevan la “fusión” integral de los dos países que comparten esta isla Hispaniola.

Para el pastor evangélico Julio Rubain Bastien, a quien se le han concedido las funciones de ser una especie de monitor de Migración sobre los haitianos que entran el país, la fusión es fácil de imponer: abriendo la frontera al libre paso de los ciudadanos de uno y otro territorio, sin restricciones de ningún género.

Ese absurdo, esa loca pretensión, no tiene asidero ni razones que lo justifi quen, porque ambas naciones son soberanas y libres, desde que decidieron fundarse y actuar como tales cuando los haitianos llevaron a cabo su guerra independentista para quitarse de encima el tutelaje francés, del mismo modo que los dominicanos lograron la suya, para romper el yugo haitiano que pretendió mantener a la isla como “única e indivisible”.

Plantear la idea de la “fusión” a partir del desmantelamiento de las líneas divisorias ofi ciales y, por ende, del régimen jurídico migratorio mediante el cual ambos países regulan el ingreso de extranjeros a sus territorios, es en estos momentos una necia e impertinente forma de aventar ambiciones entre la enorme masa de empobrecidos haitianos para que intenten replicar la “reunifi cación” del 1822.

Promover este absurdo desde la plataforma de un culto religioso y a la manera sistemática en que el mismo predicador Rubain Bastien admite hacerlo (dos veces por semana) y en sus contactos cotidianos con sus feligreses, indica que el sueño de la “reunifi cación” del 22, malograda por la lucha independentista de Duarte y los trinitarios en 1844, sigue latente entre los haitianos.

Conociendo la fuerza expansiva que puede tener una prédica sistemática de un pastor religioso ante sus fi eles, esparcida como una semilla fructifi cadora en medio del desierto de las desesperanzas, pobreza y vida irredenta de los haitianos, la promoción del libre tránsito y residencia sin frontera entre los dos países, no solo es malévola, sino subversiva, porque pretende desconocer los basamentos constitucionales que sustentan nuestra condición de país libre, soberano e independiente.

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