Cara y escudo de Venezuela

«Unos ven para ahora, y son los más, y cuya vista alcanza menos. Otros ven para ahora y para luego, que es como se debe ver en las cosas de los pueblos.» José Martí.

NUESTRA PALABRA
 
COTUY, EL BROQUE, TIERRA DE MANCHAO.- Venezuela vive días convulsos. La telaraña que le ha tendido el gobierno de Perico Maduro a los países vecinos ha funcionado a la medida. Es una camisa de fuerza que no pueden decir ni ji ante la matanza que día a día se vive en la tierra de Don Arturo Uslar Pietri. La espada del petróleo los ha silenciado a todos. Es un chantaje a carta cabal.
 
La noticia volvió al escenario mundial. Por más de dos horas y media, cientos de carabobeños marcharon ayer, en una de las concentraciones que, consideraron, ha sido una de las más grandes que se ha realizado en la región en los últimos días. En medio de la marcha, pues cayeron más estudiantes. A sangre fría a puro plomo.
 
El desenlace de la lucha popular contra la tiranía ha tenido nuevos y singulares efectos sobre la psicología del venezolano.
 
El Estado es el llamado a garantizar que el derecho de una persona termine donde comience el derecho de la otra. Son entonces sociedades estructuradas bajo principios filosóficos, económicos y sociales las que abrazan ideales donde la libertad de los individuos y el respeto de sus derechos constitucionales constituyen la pirámide fundamental de su ordenamiento. No otra cosa significa que sea el propio Estado el llamado a servir de ejemplo en un sistema de protección de libertades individuales contrarios a sistemas absolutistas donde impera la voluntad y decisión del caudillo de turno y donde el imperio de la ley está sometido al imperio del hombre. En ese orden, fue célebre la frase acuñada por Luis XIV que sirve para ejemplificar el ejercicio del poder absoluto en el manejo del Estado y en las decisiones que se adoptan en torno a él. “El Estado soy yo” había dicho el monarca francés, lo que en términos fácticos e incluso en la perspectiva de lo que acontece en la última década,  es nada más que la presencia de regímenes donde no existen límites a la voluntad del entorno palaciego ni tampoco escrúpulos a tiempo de procurar “legitimar”  decisiones políticas contrarias al derecho y a prerrogativas de orden constitucional.
 
El Estado lo es todo y sobre él, ya no caben disquisiciones que pongan en duda las decisiones de quienes lo controlan. Lo que Luis XIV no sabía es que todo lo que nace mal, termina mal. Como lo sabe, también, Perico Maduro. ¿Lo sabrá?
 
En Venezuela se escuchaba a una maestra que enseñaba inglés a niñas de sexto grado que, como reacción a cierto aviso de tarea, se había encontrado en el pizarrón estas palabras escritas  por una alumna (textual): «Mary no, María, que ahora somos libres…»
 
Creo que eso es mas por ser  en niños, tiene una tremenda significación. Importa mucho, desde luego, que ese sentimiento sea cuidadosamente cultivado y orientado a fin de que ni se pierda ni se desvíe por riscosas laderas. Pero eso no es lo que nos ocupa ahora. Sino esto otro.
 
Es lugar común del estudioso de la Historia la verdad de que nuestros pueblos de América en su mayoría entraron a la vida independientemente como consecuencia que le escamoteó el derecho a la victoria. Muchos de nuestros  países se sienten «prestados» en su propio suelo; agradecidos a la generosidad ajena y a sus verdugos que daban permiso para sentirse libres.
 
Chávez, conocido en Barinas como El Guerrero Inmarcesible, porque no disparó ningún chícharo en su lucha tiránica siempre se sintió exaltado por los nuevos derroteros que tomaba Venezuela. Al final de sus días se dio cuenta que había cometido el disparate mayor de la historia del país millonario a causa del Oro Negro. Le siguió otro exaltado adiestrado en Cuba y con su espíritu de oligofrénico ha destruido poco a  poco a Venezuela sembrando el odio y el rencor entre sus ciudadanos. Es de los depositarios de la máxima «divide y vencerás»; de la consigna de barricada: «el país que se meta con Venezuela le cortamos de cuajo el petróleo», mientras las impracticables democracias de la región no se atreven a decir ni esta huisachara es mía por el miedo que tienen que les quiten el subsidio petrolero del PETRO-TERRIBLE.  Y eso, que vamos hasta La Habana, Cuba a hablar de soberanías y otros asuntos de desinterés mundial.
 
El pueblo venezolano necesita el apoyo sin banderas. Ahora que se ha producido un esfuerzo genuino de librarse de esa terrible tiranía y sin ningún  compromiso ni limitación contra todos los precedentes establecidos y aceptados, la soberanía nacional, entera y viva, es natural y es lógico que los hermanos países se identifiquen con el  hangar de libertad que quieren los venezolanos antes de que sea muy tarde.
 
No sería soñar despierto suponer que las limitaciones iniciales con que recibimos la independencia tuvieron también la virtud negativa de atrofiarnos la capacidad democrática. Porque si nuestros países como naciones nos acostumbramos a ser el apéndice obligado de otros poderes, como pueblo aceptamos también siempre la realidad de una autoridad perpendicular sin participación ciudadana. ¿Acaso no ve usted letreros en toda Venezuela que dicen, ¡fuera los cubanos de Venezuela!?
 
Esto es algo que tenemos que estudiar y revisar. El  interior de una casa es tanto o más importante que su fachada. Muy justificada y muy necesaria la adecuación del sentimiento patriótico que vive hoy el estudiantado venezolano. Pero la conquista de la libertad nos aumenta a la vez los deberes que el gobierno propio de esa lucha impone. Los países de América tienen una deuda con la democracia Hispanoamericana. Su carácter y dirección dependerán del interés responsable  que en ella pongamos. Ahora más que nunca estamos obligados a ser pueblo consciente. No olvidemos que la soberanía tiene dos caras, la palma y el escudo: la del derecho y la del deber; una para mirar a otros y otra para vernos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde.
 
Es tiempo que nuestra América sin banderas partidarias pueda gritar: «Marchemos todos de modo que nos vean.»
 
El que tenga oídos para oír que oiga.
DESDE COTUY, EL BROQUE, TIERRA DE MANCHAO,  República Dominicana.
Por la Paz.
©Daniel Efraín Raimundo
Domingo, 23 de marzo de 2014
Daniel E. Raimundo.

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